El dolor en el postparto

parto en casa

El dolor en el postparto

Lara Marín

Doula y codirectora de Pequeños Maestros

Ya son 3 meses sin dolor. Al menos sin dolor limitante. Ese dolor que no te deja pensar, que no te deja sonreir, que te conecta con tus miedos más profundos… Ahora sí, puedo hablar de esa experiencia. Ahora veo la luz. Soy optimista y confío en mi cuerpo.

Durante el embarazo, a los tres meses exactamente, tuve mi primer ataque de ciática. Cuando daba clases de yoga a embarazadas, algunas de ellas me habían comentado que tenían dolor ciático. Yo les decía que estiraran, que hicieran determinadas posturas… Ja! Nada mejor que sentir ese dolor una misma para darte cuenta de lo poco empática que estabas siendo. Cuando una persona tiene un ataque de ciática severo no puede ni mover un dedo del pié! Cómo para ponerse a hacer asanas!! Estuve unos meses muy fastidiada, pero poco a poco fue mejorando. Fisios, osteópatas, acupuntores… Probé de todo. Tengo la tremenda suerte de estar rodeada de porfesionales que se dedican a esto y que me cuidaron muchísimo. Con el tiempo, quedaba una ligera sensación, pero ya no era dolor. El problema es que quedaba algo más dificil de quitar. El miedo a que volviera a aparecer y la sospecha de que no era una ciática por el embarazo simplemente, si no que alguna vertebra de la columna estaba dañada antes del embarazo.

Pasaron los meses y llegó el parto. Todo fue fenomenal. Un parto estupendo. Y de repente… El dolor volvió. Cada día peor. Al final no podía dar dos pasos. No podía coger a mi bebé de pié para calmarlo. No podía dar paseos. No podía ir a buscar a mi hijo mayor al colegio a dos calles de mi casa. Realmente era un infierno. Esta vez ni los masajes ni nada de lo que probré me estaban ayudando. Una resonancia confirmó que había una protusión en L5-S1 que me pinzaba el nervio ciático, y según el médico, había poco que hacer. Menos mal, que optimismo y fuerza no me faltan, y decidí dar un paso, más bien unos cuantos. Hice las maletas, y como pude me fui con mi hijo de 1 mes y medio a Zaragoza. Mi tierra. Con mi familia y amigos cuidándome. Mis padres cocinándome alimentos que me ayudaran en todo el proceso de sanación. Y mi familia y mis amigos haciendo turnos para estar con Jairo (mi bebé), mientras yo acudía todos los días a una clínica maravillosa, la clínica Nasser, a hacer rehabilitación con unos profesionales estupendos, una atención individualizada, y un médico sabio y amable, que me trató con amor y me hizo ver la raíz física y emocional de mi problema (GRACIAS). En una semana estaba haciendo castillos de arena con mi hijo mayor en la playa, llorando de felicidad, y convencida de que mi dolencia era algo que tenía que solucionar yo. Con ayuda de profesionales, pero dedicando tiempo y cuidado a mi cuerpo. En Septiembre tuve una pequeña recaída, y tanto en la clínica Nasser como los profesores de mi formación de Health Coaching , José Mansilla y Samuel Pineda, me ayudaron muchísimo. Suplementación, alimentación, ejercicio, meditación y yoga fueron imprescindibles en ese momento, y lo siguen siendo desde entonces. Todos los días me dedico media horita de ejercicios y respiraciones. Mi cuerpo se está transformando, el dolor casi ha remitido, y deseo que dentro de un tiempo, cuando me vuelvan a hacer una resonancia, todo haya mejorado o incluso se haya eliminado.

Hoy he ido a comprar con Jairo en la mochila (pensé que nunca podría volver a hacerlo). No puedo subir montañas porteando como hacía antes, pero puedo hacer una vida normal. Soy feliz, me siento afortunada y creo que este proceso me ha hecho mucho más empática con el dolor, ha aportado mucho conocimiento a mi trabajo como profesora de yoga y coach de salud, y sobretodo me ha hecho ver la vida con optimismo y alegría.

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