Mi segundo parto en casa

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Mi segundo parto en casa

Mi nombre es Lara. Soy enfermera, doula y codirectora de Pequeños Maestros.

Desde el minuto uno del embarazo tuve claro que quería tener a mi segundo hijo en casa. El primero, Leo, nació también en casa con Anabel y Paca (Ancara Perinatal), y para Jairo quería un entorno igual de respetuoso y amoroso como el que tuvimos hace 4 años. Durante el embarazo tuve dudas sobre si podría hacerlo. Ciática, un sangrado, reposo… Pero Anabel siempre me tranquilizó haciéndome ver que lo que me estaba ocurriendo no era un problema de cara al parto. Hablar con ella me dio mucha confianza porque conozco a Anabel como profesional y sé que no se la juega. Si hubiese sido algo serio me habría dicho que no era posible. Por suerte, el tercer trimestre fue tranquilo. Me encontré muy bien de salud y eso me dio mucha confianza para poder hacerlo de esa manera.

Anabel vino a verme el día 3 de Junio y me dijo que el cuello estaba borrado y la cabeza apoyada. Faltaba muy poquito. El día 4 de Junio por la mañana empecé a notar unos dolores fuertes y continuos. Durante los dos días anteriores había tenido molestias como de regla por la noche, pero al amanecer iban disminuyendo. Sin embargo, esa mañana no disminuían. Al contrario, cada vez eran más fuertes. Me fui a dar un buen paseo y cada poco me tenía que parar y respirar las olas que iban y venían. Estuve así todo el día. Serían las 8 de la tarde cuando me di cuenta de que algo había cambiado. Ahora sí que el parto había comenzado. Como mi hijo mayor (4 años) estaba en casa y yo quería estar distraída, me metí en la cocina y preparé 1000 platos diferentes. Cuando la ola venía, me apoyaba en la pared y la respiraba lentamente, y después seguía cocinando. A las nueve de la noche decidí que no iba a probar nada de lo que había preparado y me puse de rodillas en el sofá respirando lentamente cada ola que venía. Fernando, mi pareja, estaba sentado cerca de mí con Leo pintando y distrayéndolo.

parto en casaCuando las olas empezaron a ser más fuertes me arrodillé al lado de Fernando y cuando venía la ola, él paraba de pintar y colocaba su mano sobre mi sacro. Le pedí que llamara a Paloma. Paloma es mi socia en Pequeños Maestros. Pero también es mi hermana, mi amiga, es doula y me conoce muchísimo. Cuando Paloma llegó se sentó a dibujar con Leo y así Fernando pudo estar conmigo. Las olas eran cada vez más fuertes. Las sentía muy diferentes a las anteriores. Podía visualizar como iban abriendo mi útero. Le dije a Fernando que llamara a la matrona y me dijo que creía que podíamos esperar un poco más por miedo a que ocurriera como en el parte de nuestro primer hijo, que cuando llegó todavía era demasiado pronto. Accedí, pero en la siguiente ola le pedí que llamara ya. Yo sentía que estaba muy muy muy dilatada. Fernando se llevó a Leo a dormir y Paloma se quedó conmigo. Las olas eran cada vez más fuertes y me costaba respirarlas, pero Paloma estaba a mi lado, sosteniéndome y respirando conmigo con tranquilidad.

parto en casaJusto en el momento en el que las olas habían ganado una intensidad muy fuerte aparecieron Anabel Y Paca con Nacho, un amigo nuestro que se dedica de manera profesional a la fotografía y el vídeo, y nos pidió estar para poder hacer un proyecto que pronto verá la luz.  Nos desplazamos al lugar donde había decidido recibir a Jairo. Está como a 8 metros de donde nos encontrábamos, pero me costó mucho llegar porque no me sostenía en pie.

Anabel me preguntó si quería que me hiciera un tacto y le dije que sí. Estaba segura de que estaba muy dilatada. Cuando lo hizo, me miro, sonrío y dijo: Estás de ocho centímetros. Una sensación de felicidad y euforia llenó la habitación. Todos nos emocionamos.

parto en casaLa sensación era ya muy intensa. Me desbordaba. Sentía un poder que invadía mi cuerpo y que era superior a mí. Las ganas de empujar eran cada vez más fuertes. Me di una ducha de agua caliente. No me encontraba a gusto de ninguna manera, así que salí de la ducha y me fui a la cama. Me coloqué a cuatro patas y empecé a empujar. Me toqué por dentro con mis dedos y sentí que el bebé estaba a punto de salir con la bolsa intacta. En uno de los pujos la bolsa se rompió con mucha fuerza y cuando volví a tocarme sentí al bebé muy arriba. Esto hizo que me viniera abajo, y como la mente es muy poderosa, las contracciones se pararon. En ese momento me asusté. Sentí miedo. Creo que me paralicé al recordar lo que sentí en el momento final del nacimiento de mi primer hijo. Esa sensación tan poderosa cuando la cabeza del bebé se va abriendo paso por la vagina me dio pánico en ese momento. Las contracciones se pararon durante un buen rato. Yo buscaba miradas de que algo iba mal entre la gente que estaba en la habitación, y lo único que obtenía de respuesta eran miradas y sonrisas que me decían: Claro que puedes.

parto en casaNo sé en qué momento decidí pedir la silla de partos. Me levanté, y cuando iba hacia ella, sentí y escuché como mi coxis se abría para dar paso a mi bebé. Me senté con Fernando abrazándome por detrás y empecé a empujar. La sensación era tan fuerte que abracé a Anabel, la matrona, y desde esa posición mi perineo fue abriéndose para dar espacio a la cabeza y el cuerpo de Jairo. Salió enseguida. Lo coloqué encima de mí y todos lo celebramos. Fue un momento precioso que recordaré siempre. Me sentía feliz de poder compartir ese momento tan mágico con gente a la que quiero tanto, y por supuesto, de que Jairo llegase al mundo en un entorno tan amoroso y cálido.

La placenta salió enseguida. Roja, brillante, hermosa. Nunca dejaré de maravillarme ante ese órgano mágico, femenino y creador. Anabel y Paca fueron recogiendo. Paca nos preparó un zumo. Limpiaron la habitación y me limpiaron a mí. Todo con la discreción y la delicadeza que las caracteriza. Se quedaron un buen rato para estar seguras de que Jairo y yo estábamos bien, y como ya ocurrió en el nacimiento de Leo, cuando dijeron que se iban nos dio mucha pena. Era como si ellas formaran parte de la casa y de la familia.

Nacho estuvo filmando el parto desde los 8 cm. Nacho es amigo y desde ese día forma parte de la vida de Jairo y de la nuestra de una manera todavía más especial. Fue maravilloso ver como una persona puede estar en la misma habitación en la que está ocurriendo algo sagrado, grabando, con materiales que ocupan espacio y consiga que ni lo veas. Y lo mejor de todo, que se emocionara tanto durante el nacimiento, añadiendo todavía más amor y ternura a ese momento tan especial.

Paloma se quedó a dormir en casa. Ella es familia, pero desde ese momento mucho más. Todavía recuerdo sus ojos azules sosteniéndome durante todo el proceso. Su delicadeza esa noche y la mañana siguiente cuando vino a vernos al despertar. Sus palabras suaves. Su respeto. Su cuidado conmigo y con Jairo. Su esfuerzo, ya que ella estaba embarazada de 5 meses en ese momento, y sostener algo así durante horas es muy cansado.

Mi compañero de vida. Fernando. Siempre sereno y tierno. Serio y dulce. Capaz de transmitir calma y seguridad solo con mirarte con esos ojos verdes y profundos. Sostuvo a Leo y me sostuvo a mí sin dejar a uno o a otro. Me dio confianza cuando la perdí y control cuando me sentí sobrepasada.

Por último. Mi niño. El que se llevó a su padre a parte para decirle que se sentía triste por mis dolores. El que me abrazó y dio besos cuando las olas aumentaron de intensidad. El que supo cuando irse a descansar para dejarme ese espacio íntimo con Fernando. El que durmió toda la noche como nunca hace. El que se despertó por la mañana y vino a conocer a su hermano con ilusión y amor. El que acarició y habló a Jairo con respeto y cariño. El que ha cedido parte de mi a otro ser sin enfado. Solo con generosidad. El que se acostó ese 5 de Junio de madrugada siendo mi bebé y despertó como un niño con las manos enormes.

GRACIAS

2 Comments
  • Silvia Saura
    Posted at 21:48h, 05 agosto Responder

    Lara me ha emocionado, esos dos niños maravillosos tienen mucha suerte de tenerte como madre. Un besazo

    • Lara Marin
      Posted at 07:58h, 22 agosto Responder

      Gracias bonita. Yo me emocioné mucho escribiéndolo. La suerte la tengo yo 😉

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