Parto en casa con Hipnonacimiento - Pequeños maestros
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parto en casa

Parto en casa con Hipnonacimiento

 

Ilustración de Bubelabu     

Texto por Lucía Cartolano

Estudiante de la Formación de Doulas 2018-2019

Siempre he tenido poca tolerancia al dolor, mi único miedo durante todo el embarazo fue respecto al dolor durante el parto. Después de rebuscar entre unos cuantos ginecólogos, un osteópata, amigo de la familia desde hace años, me recomendó una ginecóloga del Hospital Quirón de Pozuelo, Alexandra Eva Henríquez Linares. Estaba en la semana 12 y todavía no había decidido dónde dar a luz.

La ginecóloga me recomendó varias terapias que ofrecían herramientas para el dolor en el parto y una de ellas fue el Hypnobirthing. Y así llegue a dar con la maravillosa mujer Sandra Cuadrado, que nos acompañó durante todo el embarazo. Esta herramienta para mí fue todo un descubrimiento a la hora de la preparación al parto y por eso quería compartirlo.

El Hipnonacimiento (traducción al español), ofrece un conjunto de técnicas a la hora de dar a luz. Consiste en llevar nuestro cuerpo y mente a un estado profundo de relajación en el que no se llega a perder la consciencia. Para poder llegar a este estado pleno de relajación el cuerpo y la mente de la mamá han de estar libres de miedo y tensión. Es muy importante estar consciente durante todo este proceso, ya que la mamá ha de acompañar a su bebe con la respiración durante el nacimiento.

A medida que se acercaba la llegada de mi pequeño, tenía cada vez más claro que quería dar a luz en casa. Mi suegra, que había investigado sobre el parto en domicilio me recomendó un equipo de matronas y doulas que atendían partos en Madrid. Así es como llegué a las mujeres que hicieron mi deseo posible, Ancara Perinatal. En cuanto las conocimos, conectamos con ellas, ya no había duda alguna de que si era posible, Adam nacería en casa.

Durante los 9 meses de embarazo aprendí muchas cosas, como que la percepción del dolor es subjetiva, que puede variar en función de nuestro estado de ánimo, nuestro estado mental, de nuestra manera de percibir con los sentidos, la educación que hayamos recibido, nuestro sistema de creencias, nuestras experiencias… Desde pequeños nos han educado de esta manera y se ha creado un patrón de pensamiento en el que dar a luz es inconcebible sin dolor. Con las herramientas que nos aporta el Hipnonacimiento podemos conseguir cambiar esta creencia y llevar a cabo un parto más natural y consciente, en consecuencia, menos doloroso.

Imagino que es difícil de creer incluso de entender, así que voy a compartir mi experiencia. Os voy a abrir las puertas a un momento de mi vida que me cambió todo, aumentó mi familia, crecí como persona al superar mis miedos y amé incondicionalmente como nunca pensé que podría. Se me viene a la mente una frase respecto a la llegada de un nuevo ser a la familia que nos dijo Edith Lorenzo, (doula de la formación de Pequeños Maestros): “El amor no se divide, se multiplica”.

Os voy a contar el nacimiento de mi primer y único hijo, Adam. El 5 de agosto del 2017 tuve un día tranquilo, sin mucho movimiento. Recuerdo esa ansia por la llegada del gran día, ese que toda embarazada desea, el día del nacimiento del bebe que ha estado gestándose 9 meses. Llevaba ya meses con reflujo, levantándome cada poco durante la noche para ir al baño. Incomoda en la cama, lo único que me apetecía era tejer. Esa misma tarde empecé a tener molestias parecidas a las de la regla, así que llamé a mi precioso equipo de matronas. Rocío (una de las matronas del equipo), vino a casa y me hizo un tacto vaginal para comprobar si había cambiado algo que nos indicara un avance, pero no. Me dijo que eran contracciones preparatorias y que podría estar así varios días. Las famosas contracciones de Braxton Hicks. Así que se fue y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, 6 de agosto, me despierto a las 6 de la mañana porque había roto aguas, mi cama inundada de líquido amniótico y yo estaba súper feliz. Ya había comenzado, Adam estaba listo para salir de mi tripita. Lo primero que hice después de despertar a Alberto fue llamar a Rocío, la dije que había roto aguas y que si podía venir. Mientras Rocío estaba en camino organizamos la casa, encendimos todas las velas y llenamos la bañera de agua.

Al poco llegó Rocío, me hizo un tacto y la verdad que me desanimé bastante porque no había dilatado nada. Me recomendó que, en la medida de lo posible, hiciera vida normal para no desesperarme al ver pasar las horas; salir a dar un paseo, comer algo…

Eran ya las 9 de la mañana, había vomitado dos veces el poco melón que comí. Las olas empezaron a ser más intensas y llamé a mi amiga Sandra, la que nos estuvo acompañando con las técnicas de Hipnonacimiento. Fue llegar ella y todo cambió. Volvimos a esa burbuja que habíamos intentado crear al principio, dentro de casa, a la luz de las velas.

A medida que iba pasando el tiempo estaba un pasito más cerca de tener a Adam en mis brazos, las olas cada vez más intensas y yo cada vez más en mi burbuja.

La única postura que podía soportar era sentada como un buda meditando, en el suelo con las piernas cruzadas. Alberto a mi lado en todo momento sosteniéndonos a Adam y a mí en este proceso. Y Sandra sosteniéndonos a todos, juntas empezamos a visualizar las olas subiendo desde mi perineo en espiral por todo mi cuerpo y así es como las acompañé, moviéndome con ellas a su ritmo. Lo viví como un baile, súper mágico y espiritual, cuando la ola subía inspiraba y al llegar al máximo apogeo soltaba todo el aire acompañando el descenso de la ola. Ya os digo que mis recuerdos están un poco confusos, pero sí que me viene a la cabeza que mi respiración era audible, tanto que llegaba a ser casi un canto.

Recuerdo levemente cómo me sostenían la frente entre ola y ola. En estos momentos mi noción de espacio y tiempo estaba totalmente distorsionada, yo sumergida en mi burbuja acompañando a Adam y a las olas con mi sentir y respiración. Anabel, matrona del equipo de Ancara Perinatal, llegó en algún momento, tan cuidadosa que ni me percaté. Ella a cada rato miraba que todo fuese bien, todos estábamos trabajando en armonía, cada uno ocupándose de lo suyo.

Y de repente cuando creía que ya no podía soportar más, que iba a desmayarme, las olas cesaron. Anabel me hizo un tacto y estaba completa. Había llegado el momento del expulsivo, las sensaciones habían cambiado, ya no había olas, ahora sentía una presión muy fuerte hacia el ano, una sensación muy parecida a la de ir al baño. Para mí fue un respiro, un descanso que no esperaba y agradecí… ya no quedaba nada para ver a Adam.

Comuniqué a Anabel mi de deseo de no desgarrarme y entre ella, Paca (doula del equipo de Ancara Perinatal que tampoco sé ni cuándo ni cómo llegó), y mi respiración, todas juntas nos ocupamos de ello.

Poco a poco iba sintiendo la necesidad de ayudar a Adam a descender y agarrada de la mano de Alberto, muy cuidadosa y lentamente lo hicimos. Aquí la respiración cambió, ahora acompañaba a Adam imaginando el aire saliendo en forma de jota hacia delante.

La primera mitad del expulsivo la hice sentada en una silla de partos, hasta que Anabel me mostró que la cabecita de Adam ya asomaba. La miré con un espejo y la sentí con mis dedos. A partir de ahí me tumbaron en un futón que había preparado en el suelo; y Paca sujetándome la pierna izquierda hacia arriba, Alberto dándome la mano, Sandra respirando conmigo y Anabel con unas gasas mojadas en agua templada, conseguimos que no me desgarrarse y que Adam naciera.

Agotada después de horas de parto, a las 3:30 de la tarde nació, y ahí estábamos Mamá, Papá, Sandra, Paca y Anabel testigos de su nacimiento. Fue maravilloso el piel con piel desde el primer momento, el cordón umbilical lo cortó Alberto con ayuda de Anabel después de que dejase de latir y la placenta salió al ratito, casi ni me enteré.

Por lo visto todo fue más rápido de lo que todos pensábamos, no nos dio tiempo a usar la piscina que habían preparado en el salón, todo había salido sobre ruedas. Estábamos felices. Fue un parto precioso, súper intenso y muy espiritual. Nunca podría haberlo imaginado mejor de lo que fue.

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